Mercados, zocos y bazares

Bazares de Estambul: el legado de otra época

En Estambul, el comercio es algo más que una tradición, es una forma de vida. Los vendedores de simit llevan las bandejas sobre su cabeza, los de frutas y verduras empujan su carrito por entre los coches, los de salep acunan con su voz lancinante las largas noches de invierno. Obviamente, estos mercaderes tienen su templo: el Bazar Egipcio o el Gran Bazar.

 

El Gran Bazar

 

En torno al Gran Bazar, hoy como ayer, la vida sigue fiel a lo que podáis imaginar en vuestros sueños sobre Oriente: puestos desbordantes de productos, libreros de viejo que venden estampas no siempre muy santas (¡tampoco creáis que son gran cosa!), limpiabotas, músicos, fumadores de narguile… Toda la civilización del keyif servida en bandeja. Aquí se vende y se compra de todo desde el siglo XV. Al principio existía en su lugar el bedesten, una especie de mercado cubierto construido en 1461 por Mehmet el Conquistador; en aquel entonces el bedesten, que era de madera, ardió y se reconstruyó en piedra. Más tarde, se recubrieron las calles aledañas.


Los señores de la época hicieron construir caravasares para que las caravanas pudieran entregar los productos directamente en el corazón de esta primera «gran superficie». Los incendios sucesivos devastaron el Gran Bazar y el que hoy en día se visita sólo data de los primeros años del siglo XIX.

 


Cuenta con más de 4.000 puestos que se reparten una superficie de 200.000 metros cuadrados, por lo que es el mercado cubierto más grande del mundo. Como en otras épocas, cada calle alberga un gremio: orfebres, latoneros, comerciantes e alfombras, de ropa o de zapatos, de tal modo que «un hombre despojado de todo podría salir del bazar completamente vestido y equipado»… y arruinado.

 


Las manufacturas, las baratijas, la bisutería, el vidrio y las lentejuelas han reemplazado a las sedas, los brocados, los cueros y las pieles que, transportadas por caravanas, llegaban a manos de los comerciantes griegos, judíos o armenios que regentaban las tiendas.
Pese a todo, el espectáculo continúa como hace siglos bajo las bóvedas iluminadas por mil bombillas. Y en esta bulliciosa colmena en donde todo el mundo representa un papel, aún es posible que os crucéis con una mujer en pantalón bombacho y en vuelta en un gran velo.

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En el Gran Bazar, lo mejor se codea con lo peor. Es posible encontrar cerámica, cobre, pipas de espuma de mar, cuero (a veces nada mal cortado, así que prestad atención)… Nos jugamos algo a que también vosotros acabaréis sucumbiendo a la fiebre del regateo, después de fijaros en tal o cual lámpara, tal o cual regalo ideal para algún familiar… Sobre todo, no os lamentéis si después lo encontráis más barato en otro sitio; habréis pasado un buen rato.

 

En nuestras guías podéis encontrar un itinerario para descubrir los diferentes sectores del Gran Bazar, los dos bedesten y los han, más pequeños que aquéllos, que antaño constituían los caravasares del interior de la ciudad. También podéis dejaros llevar por vuestros pasos sin miedo a perderos, siempre habrá alguien que os indique la salida. No obstante, cuidado con los carteristas.

 

El Bazar Egipcio

 

En Estambul no sólo existe el Gran Bazar. El Bazar Egipcio, construido en 1660 gracias a los impuestos con que se gravaban los productos egipcios, pertenecía al complejo de la Mezquita Nueva. Se conoce por el nombre de «bazar las Especias» porque los genoveses y venecianos tenían allí un mercado de especias, perfumes y plantas medicinales que formaba parte de las escalas de Levante. Este bazar fue completamente restaurado en 1943 y una parte de los vendedores de especias dejaron entonces su lugar a las joyerías y otros comercios.

Antes de abandonar Estambul hay que acercarse a él para disfrutar de sus olores y llenar la cesta de productos que prolongarán la magia de esta ciudad durante muchos meses más: plantas aromáticas, quesos (algunos todavía en su envoltorio de piel de cabra), mermelada de rosas, pastirma (carne de buey seca como la de los Grisones en Suiza, pero envuelta en una cáscara de especias y que se sirve cortada en láminas finas), los mejores salchichones de carnero.