En defensa del consumidor

Para evitar cualquier abuso, lo mejor es andar prevenido. Ahí van algunos consejos:

Agua: una jarra de agua del grifo es gratis, siempre y cuando sea para acompañar una comida.

 

Al encargar la comida: muchos restaurantes se niegan a servir a un cliente cuando consideran insuficiente lo que ha encargado para comer. Sin embargo, obligaros a pedir más sería ilegal.

 

Anticipos por la reserva: al reservar habitación, tanto por teléfono como por carta o fax, es probable que os pidan una cantidad a cuenta como garantía. Legalmente, ninguna ley especifica la cuantía, pero no debéis pasar de una cantidad razonable. Por ejemplo, el 25 o 30 % del importe total, y siempre teniendo en cuenta que se trata de un anticipo en firme. Es decir, que no os será devuelto si después anuláis la reserva, salvo en caso de fuerza mayor (accidente o enfermedad) o previo acuerdo con el establecimiento, avisando con suficiente antelación. En cambio, si la anulación la hace el hotel, os tendrá que reembolsar el doble de la cantidad abonada.

 

Cambio y propinas: algunos listillos utilizan una treta ingeniosa. El procedimiento consiste en devolver el cambio poniendo en el platillo las monedas debajo, luego la nota y encima los billetes. Así, si el cliente tiene prisa, coge sólo los billetes.

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Hoteles: no os pueden obligar a reservar varias noches de habitación si vosotros sólo pensáis pasar allí una. Tampoco pueden obligaros a desayunar o comer en el hotel; esta norma es ilegal y es una «subordinación de prestación de servicios», que se sanciona con multa. Ahora bien, el hotel puede ofrecer media pensión o pensión completa. Si es un hotel-restaurante, antes hay que informarse. En cambio, si vais a dormir acompañados por algún hijo, os podrán cargar un suplemento.

 

Lista de precios: hoteles y restaurantes deben exponer los precios a la vista del público. Si los precios son exorbitantes, en caso de que no estén claramente indicados tendréis derecho a reclamar.

 

Menús: en general, los económicos sólo se sirven entre semana y, a menudo, hasta ciertas horas. El horario debe estar claramente indicado.

 

Recepción: según la profesionalidad y la disposición de cada persona, el recibimiento puede ser desde inmejorable hasta pésimo… Sólo una obligación se impone a estos establecimientos: informar a los clientes, incluso por teléfono, de los precios, la categoría del local y, en su caso, del tipo de cocina que ofrecen.

 

Vinos: las cartas de vinos no siempre son muy claras. Por ejemplo, uno pide una botella de buen vino y, al pagar, le cargan el doble de lo que figura en la carta, pues el precio especificado era ¡de media botella! Además, es obligación descorchar las botellas delante de los clientes, ya que es la única forma de saber que su contenido corresponde a la marca etiquetada.